CARITAS c)Delegacion Provincial de Educación: ESCOLARIZACION DE ALUMNOS REPRESENTANTES DE LA FEDERACION 6/02/2007 f) .-EVANGELIO DEL DIA//DIOCESIS SIGÜENZA GUADALAJARA//BETANIA HOJA DOMINICAL Y SANTA MISA//ENCUENTRA DE MEXICO// g) ESTATUTOS FEDERACION/ MEMORIAS DE ACTIVIDADES h) ORGANIGRAMA CONCAPA GUADALAJARA/ ULTIMA ACTUALIZACION 22 de enero 2007/pensamiento/ i) .-concapa de guadalajara /FEDERACION DE GUADALAJARA GABINETE DE COMUNICACION/Club Siglo Futuro de Guadalajara 21 y 22 de Marzo de 2007/AUXILIO VOCACIONES CARMELITAS DESCALZAS VALLADOLID-5 de Marzo 2007/Rueda de Prensa dia 7 de Marzo 2007-Jornadas CEP 5,15,23 de Marzo en Guadalajara ACUDE/Charla Debate Acoso y Violencia Escolar,Guadalajara 22 de Febrero,Azuqueca de Hres. 1 de marzo,Sigüenza 8 de Marzo de 2007 (INFORME CISNEROS)// /Balance trágico: 155 periodistas asesinados en 2006//Escuela de Padres en Guadalajara 2006-2007 7 de Octubre 2006 a 10 de Febrero 2007// 15 de Marzo 2007-ultima actualización- k) .-CONVOCATORIAS JUNTAS DIRECTIVAS FEDERACION GUADALAJARA/PROXIMA JUNTA DIRECTIVA 14 DE MARZO de 2007 l) // CONCAPA NACIONAL/ZENIT/VERITAS/Resumen de prensa CONCAPA/30 de Marzo 2007 ULTIMA ACTUALIZACION/ o) VIVA SU SANTIDAD BENEDICTO XVI//Mensaje para la Cuaresma de este año 2007, del Papa Benedicto XVI:Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Juventud 2007 r) CARITAS SIGÜENZA GUADALAJARA //CATEDRA DE PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO 25 DE OCTUBRE 2006- 30 DE MAYO 2007// s) ECCLESIA v) convenio COLABORACION Y AYUDAS 2007(8 febrero 2007) Lucha Educativa /nota de los Obispos de la Provincia Eclesiastica de Madrid 23 de marzo de 2007 y)CALENDARIO MESAS DE CONCIERTOS EDUCATIVOS: 20 Y 27 DE FEBREO DE 2007 A LAS 09'45 HORAS EN LA DELEGACION DE EDUCACION DE GUADALAJARA,ULTIMA REUNION DE CONSTITUCION 6 DE FEBRERO DE 2007 -f-boletin ries 1 de abril 2007/noticias globales 1 de abril 2007 /50 aniversario Cursillos Cristiandad 3 de febrero 2007,5 de Junio 2007,30 de junio 2007//ESCUELA DIOCESANA DE TEOLOGIA -CALENDARIO ESCUELA DIOCESANA DE TEOLOGIA18 DE ENERO 2007;15 FEBRERO 2007;15 MARZO 2007; 10 DE MAYO 2007; 7 DE JUNIO 2007///apostolado seglar curso pastoral diocesana 2006/2007//ULTIMA ACTUALIZACION 17 DE ENERO 2007 ñ) AMPA EFA EL LLANO 2006/curso voluntariado social 29 de Junio 2006//clausura año academico 200572006 el 16 de Junio de 2006 d1) COLEGIO GIOVANNI ANTONIO FARINA-AZUQUECA DE HENARES e1) COLEGIO SAGRADA FAMILIA DE SIGÜENZA f1) COLEGIO DIOCESANO CARDENAL CISNEROS DE GUADALAJARA COLEGIO MARISTA GUADALAJARA COLEGIO SALESIANO DE GUADALAJARA (ESPAÑA) ACTIVIDADES CONCAPA DE GUADALAJARA/27 de Marzo CONFERENCIA Cooperacion social de guadalajara 27 de marzo educacion para la ciudadania con Urcelay de Profesionles por la Etica ACUDE/club siglo Futuro actos 26 y 30 de Marzo,Pepe Bono en Guadalajara ACUDE 26 de Marzo 2007/radio Maria desde Azuqueca de Henares 22 de Marzo de 2007 real decreto observatorio estatal de violencia escolar/area de educación concapa nacional//actualizado el 15 de marzo de 2007 COLEGIO SAGRADO CORAZON DE GUADALAJARA Observatorio para la Objeción de Conciencia/Asociación de profesores Educación y Personamanifiesto contra la Educacion para la Ciudadania 18 de febrero 2007/denunciaran la Educacion para la Ciudadania ante los tribunales 8 de Febrero 2007 /"contenidos minimos de ESO" 8 de Febrero 2007/“En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle”.Gandhi/Educacion para la Ciudadnia 5 º Primaria -7 de febrero de 2007
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El cardenal Ratzinger, nuevo Papa de la Iglesia, con el nombre de Benedicto XVI
A las 17,50 (hora local española), la chimenea de la Capilla Sixtina emitía humo blanco. Cuarenta minutos después se conocía que el sucesor de Juan Pablo II será Joseph Ratzinger, el prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que ejercerá su pontificado bajo el nombre de Benedicto XVI, quizás porque no se ha atrevido a utilizar el nombre de Juan Pablo III: tanta era su proximidad y su admiración por su antecesor.
Por decirlo de algún modo, los cardenales han elegido al "intelectual" de la Iglesia, a una de las cumbres teológicas actuales, al mejor analista de las corrientes contemporáneas. También han elegido al decano del colegio cardenalicio, al hombre que Juan Pablo II, en medio de la confusión doctrinal del postconcilio, situó como "guardián de la ortodoxia" (una expresión que comenzó siendo un insulto y hoy es un timbre de gloria).
Alemán, de 78 años de edad, 20 más de lo que tenía Juan Pablo II cuando fue elegido. Cardenal desde el 27 de junio de 1977, el hombre al que todos los curas progres aborrecen con más intensidad. Ratzinger será un Papa filósofo, pero también sería un espléndido editorialista, un hombre con una asombrosa capacidad de síntesis, con el bagaje cultural de un sabio de antaño y la virtud periodística de hacer historia diaria.
Sus primeras palabras: "Los cardenales me han elegido como un simple trabajador de la viña del Señor... Me consuela el hecho de que el Señor haya querido trabajar con instrumentos insuficientes", afirmó con dos frases que recuerdan las palabras de Cristo: "Siervos inútiles somos, lo que teníamos que hacer eso hicimos".
Y también: "En la alegría del Señor Resucitado pido su ayuda permanente. El Señor nos ayudará y su Santísima Madre estará cerca de nosotros". Para muchos santos del último siglo, las instituciones cristianas se dividen en dos: las buenas, que tienen muy en cuenta a María, y las otras. Y, cómo no, el abandono en la misericordia divina. Es la infancia espiritual que ejemplificó Karol Wojtyla quien, como los niños, se sentía capaz de todo, porque lo difícil lo dejaba en manos de su padre Dios: "El señor nos ayudará", dice el decimosexto de los Benedictos.
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El Pensamiento de Benedicto XVI
¿Qué piensa el nuevo Papa sobre los temas de actualidad?
Clonación
«El hombre es capaz de producir en laboratorio otro hombre que por tanto no es ya don de Dios o de la naturaleza. Se puede fabricar y, lo mismo que se fabrica, se puede destruir». Si este es el poder del hombre, entonces «se está convirtiendo en una amenaza más peligrosa que las armas de destrucción masiva».
Debate en el Centro de Orientación Política de Roma. Octubre 2004.
Cristianos y Musulmanes
«Se ha dicho que la Constitución europea no podía hablar de las raíces judeocristianas para no ofender al Islam. Pero lo que ofende al Islam es el desprecio de Dios, la arrogancia de la razón que provoca el fundamentalismo».
Debate en el Centro de Orientación Política de Roma. Octubre 2004.
Fe y Razón
«La razón no es enemiga de la fe, al contrario. El problema es cuando hay desprecio de Dios y de lo sacro».
Debate en el Centro de Orientación Política de Roma. Octubre 2004.
Marxismo
«La doctrina de salvación marxista, en definitiva, había nacido en sus numerosas versiones articuladas de diferentes maneras, como una visión única y científica del mundo, acompañada por una motivación ética y capaz de acompañar a la humanidad en el futuro. Así se explica su difícil adiós, incluso después del trauma de 1989».
«Basta pensar en lo discreta que ha sido la discusión sobre los horrores de los "gulags" comunistas, y en lo poco que se ha escuchado la voz de Alexander Solzjenitsin: de todo esto no se habla».
«El silencio ha sido impuesto por una especie de pudor. Incluso se menciona sólo de vez en cuando al sanguinario régimen de Pol Pot, de pasada. Pero ha quedado el desengaño, junto a una profunda confusión. Ya nadie cree hoy en las grandes promesas morales».
«El marxismo se había concebido en estos términos: una corriente que auspiciaba justicia para todos, la llegada de la paz, la abolición de las injustificadas relaciones de predominio del hombre sobre el hombre, etc.», afirmó.
«Para alcanzar estos nobles objetivos se pensó en que había que renunciar a los principios éticos y que se podía utilizar el terror como instrumento del bien. En el momento en el que todos pudieron ver, aunque sólo fuera en su superficie, las ruinas provocadas en la humanidad por esta idea, la gente prefirió refugiarse en la vida pragmática y profesar públicamente el desprecio por la ética».
Extracto de «Introducción al cristianismo». Este libro presenta algunas de las clases que ofreció cuando era profesor de Teología en Tubinga (Alemania) en 1967.
Control poblacional
«Hay un miedo a la maternidad que se apodera de una gran parte de nuestros contemporáneos. En este miedo a la maternidad hay algo profundo: el otro se convierte en la competencia que quita una parte de mi vida, una amenaza para mi ser y para mi libre desarrollo. Hoy no hay una filosofía del amor sino sólo una filosofía del egoísmo».
«Se rechaza como visión idealista la posibilidad de poderme enriquecer simplemente en la entrega, de reencontrarme a partir del otro y a través de mi ser para el otro. Justamente aquí se engaña al hombre. Se le desaconseja amar. En definitiva, se le desaconseja ser hombre».
Diario Avvennire. Septiembre 2000
Oración
«Pensamos que la oración es algo intimista. Ya no creemos tanto, según me parece, en el efecto real, histórico de la oración».
«En cambio debemos convencernos y aprender que este compromiso espiritual, que une el cielo y la tierra, tiene una fuerza interior. Y un medio para llegar a la afirmación de la justicia es comprometerse a orar, porque de esta manera se transforma en una educación mía y del otro para la justicia. Debemos, en resumen, reaprender el sentido social de la oración».
Belluno, Italia. Octubre 2004
Relativismo
«El relativismo se ha convertido en el problema central de la fe en la hora actual. Sin duda, ya no se presenta tan sólo con su vestido de resignación ante la inmensidad de la verdad, sino también como una posición definida positivamente por los conceptos de tolerancia, conocimiento dialógico y libertad, conceptos que quedarían limitados si se afirmara la existencia de una verdad válida para todos. A su vez, el relativismo aparece como fundamentación filosófica de la democracia. Ésta, en efecto, se edificaría sobre la base de que nadie puede tener la pretensión de conocer la vía verdadera, y se nutriría del hecho de que todos los caminos se reconocen mutuamente como fragmentos del esfuerzo hacia lo mejor; por eso, buscan en diálogo algo común y compiten también sobre conocimientos que no pueden hacerse compatibles en una forma común. Un sistema de libertad debería ser, en esencia, un sistema de posiciones que se relacionan entre sí como relativas, dependientes, además, de situaciones históricas abiertas a nuevos desarrollos. Una sociedad liberal sería, pues, una sociedad relativista; sólo con esta condición podría permanecer libre y abierta al futuro».
Conferencia en el encuentro de presidentes de comisiones episcopales de América Latina para la doctrina de la fe, celebrado en Guadalajara (México). Noviembre 1996.)
New Age
«La reedición de religiones y cultos precristianos, que hoy se intenta con frecuencia, tiene muchas explicaciones. Si no existe la verdad común, vigente precisamente porque es verdadera, el cristianismo es sólo algo importado de fuera, un imperialismo espiritual que se debe sacudir con no menos fuerza que el político. Si en los sacramentos no tiene lugar el contacto con el Dios vivo de todos los hombres, entonces son rituales vacíos que no nos dicen nada ni nos dan nada; que, a lo sumo, nos permiten percibir lo numinoso, que reina en todas las religiones. Aún entonces, parece más sensato buscar lo originalmente propio, en lugar de dejarse imponer algo ajeno y anticuado. Pero, ante todo, si la ‘sobria ebriedad’ del misterio cristiano no puede embriagarnos de Dios, entonces hay que invocar la embriaguez real de éxtasis eficaces, cuya pasión arrebata y nos convierte -al menos por un instante- en dioses, y nos deja percibir por un momento el placer de lo infinito y olvidar la miseria de lo finito. Cuanto más manifiesta sea la inutilidad de los absolutismos políticos, tanto más fuerte será la atracción del irracionalismo, la renuncia a la realidad de lo cotidiano».
Conferencia en el encuentro de presidentes de comisiones episcopales de América Latina para la doctrina de la fe, celebrado en Guadalajara (México). Noviembre 1996.
Liturgia
«Las diversas fases de la reforma litúrgica han dejado que se introduzca la opinión de que la liturgia puede cambiarse arbitrariamente. De haber algo invariable, en todo caso se trataría de las palabras de la consagración; todo lo demás se podría cambiar. El siguiente pensamiento es lógico: si una autoridad central puede hacer esto, ¿por qué no también una instancia local? Y si lo pueden hacer las instancias locales, ¿por qué no en realidad la comunidad misma? Ésta se debería poder expresar y encontrar en la liturgia. Tras la tendencia racionalista y puritana de los años setenta e incluso de los ochenta, hoy se siente el cansancio de la pura liturgia hablada y se desea una liturgia vivencial que no tarda en acercarse a las tendencias del New Age: se busca lo embriagador y extático, y no la «logikè latreia», la «rationabilis oblatio» de que habla Pablo y con él la liturgia romana (Rom 12,1).
Admito que exagero; lo que digo no describe la situación normal de nuestras comunidades. Pero las tendencias están ahí. Y por eso se nos ha pedido estar en vela, para que no se nos introduzca subrepticiamente un Evangelio distinto del que nos ha entregado el Señor -la piedra en lugar del pan».
Conferencia en el encuentro de presidentes de comisiones episcopales de América Latina para la doctrina de la fe, celebrado en Guadalajara (México). Noviembre 1996.
Abortismo y Eucaristía
«No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión. Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia».
«Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la cooperación formal de una persona es manifiesta (entendida, en el caso de un político católico, como hacer campaña y votar sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia), su párroco debería reunirse con él, instruirlo respecto de las enseñanzas de la Iglesia, informándole que no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que termine con la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le negará la Eucaristía».
Carta a los Obispos de EEUU. Julio de 2004.
Matrimonio y uniones homosexuales
«No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural».
Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales. Junio de 2003.
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Reproducido con permiso de Aci Digital.
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La Iglesia debe enseñar el arte de la felicidad»
Cardenal Joseph Ratzinger/ Decano del Colegio Cardenalicio
El cardenal Joseph Ratzinger nace el 16 de abril de 1927 en Marktl Am Inn, en la diócesis alemana de Passau. Durante el regimen nazi, el joven Joseph es reclamado para los servicios auxiliares antiaéreos. En los años de la Segunda Guerra Mundial madura su vocación religiosa. Estudia filosofía y Teología y se doctora con una tesis sobre «El pueblo y la casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de San Agustín». Es profesor en Bonn, Münster y Tubinga; en 1962 es consejero del cardenal Frings en el Concilio Vaticano II. Ya es un estudioso de fama internacional, considerado además «un progresista». En 1977 Pablo VI le nombra arzobispo de Mónaco y le crea cardenal. Desde hace 23 años es prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Pontificia Comisión Teológica Internacional. Desde noviembre de 2002 es decano del Colegio Cardenalicio. Fue el arquitrabe del pontificado de Juan Pablo II. La cumbre del trabajo de Ratzinger es el «Nuevo Catecismo de la Iglesia católica».
Giuseppe de Carli
Roma- Es afable el decano del Colegio Cardenalicio. A veces, incluso tímido. Una timidez que esconde unas convicciones graníticas. Hablar con él es siempre una extraordinaria aventura humana e intelectual. El cardenal Ratzinger no tiene pelos en la lengua.
En el año 2000, en pleno Jubileo, publicó con el apoyo del Papa Juan Pablo II la encíclica «Dominus Iesus» sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia, un documento de una dureza sin precedentes. Las comunidades eclesiales hijas de la Reforma la definieron como «un golpe bajo al diálogo» y, con alguna diferencia, también las Iglesias de ortodoxas orientales. «La porcelana ecuménica se romperá en pedazos» o «El péndulo del diálogo está volviendo atrás», fueron algunos de los titulares alemanes e ingleses. El cardenal no se inmutó y siguió por su camino. Tampoco podemos olvidar aquel libro- entrevista, «Informe sobre la fe» que le hizo el escritor italiano Vittorio Messori y que se ha convertido en un clásico, en un best-seller planetario.
De sus últimos años, podemos recordar «Dios y el mundo», «Introducción al Espíritu de la liturgia», «Mi vida», «Recuerdos», «La sal de la tierra», «Fe y futuro». ¿Qué más se puede decir? Que el más agudo deseo de este gran, grandísimo cardenal teólogo es el de dejar las bridas de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Espera ese momento como un centinela espera la aurora del nuevo día.
–Eminencia, ¿cuáles son las palabras clave del pontificado de Juan Pablo II?
–Sigue siendo válido aquel grito del 22 de octubre de 1978 en la plaza de San Pedro: «¡No tengais miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo!». Las otras dos grandes palabras son «paz»y «unidad». Y, finalmente, también la palabra «verdad». Ahí están las encíclicas «Veritatis Splendor» y «Fides et Ratio». Un llamamiento a abrir los ojos, también los de la razón, para ver y seguir la verdad.
–Pero no han faltado dificultades en el pontificado de Juan Pablo II...
–Son las dificultades de nuestra época: materialismo, agnosticismo y relativismo. Por una parte, la vida de consumo, por otra, la miseria que impide al hombre vivir según su alta vocación. Los problemas del mundo son los problemas de la Iglesia, que forma parte del mundo.
Centralismo romano.
–Según usted, ¿han funcionado bien los sínodos de los obispos? Da la impresión de que el centralismo romano ha prevalecido. Una Roma no como centro de comunión, sino como órgano de control sobre una miríada de detalles de la vida de las iglesias locales.
–Es una impresión un poco superficial. No tenemos el aparato suficiente para controlarlo todo. Somos pocos, y cuando los obispos vienen a vernos –y también los políticos– se maravillan de los pocos que somos aquí dentro trabajando para la Iglesia Universal. Es cierto que puede existir un centralismo equivocado, pero hacia lo que apuntamos es hacia la colaboración entre centro y periferia. Le pongo un ejemplo: cuando yo era arzobispo de Mónaco, hice en 1977 una visita «ad limina» y me di cuenta del formalismo con el que se vivían estas visitas. Hoy, en cambio, existen más ocasiones de encuentro y esto es algo maravilloso. Son momentos que a menudo favorecen el crecimiento de amistades personales.
–¿No ve usted una participación más amplia de las conferencia episcopales en las decisiones que atañen a la Iglesia Universal? Pienso en el «reclutamiento», en el nombramiento de obispos.
–Es una cuestión en la que se debería profundizar. Muchas conferencias episcopales son grandes conferencias. Cuando una diócesis se queda sin pastor se busca la implicación de los obispos de las diócesis limítrofes. Se pregunta a laicos, a religiosos y sacerdotes. El sistema de «reclutamiento», como usted lo define, es realmente mejorable, aunque no es sencillo. Hoy se nombra un obispo después de un proceso bastante largo. Este proceso, del que muchos se lamentan, busca implicar a muchísimas personas que tienen en la Iglesia papeles muy variados.
Pedofilia.
–En cambio hay algo que no ha funcionado. Me refiero al terrible fenómeno de la pedofilia.
–Sí, tenemos que hacer examen de conciencia sobre lo que nos ha sucedido. La Iglesia es una institución inmersa en el mundo, con todas sus tentaciones. Una serie de malentendidos derivados del Concilio hacía pensar que bastaría con identificarse con los comportamientos del mundo...
–¿Y en consecuencia?
–En consecuencia muchos sacerdotes han perdido el ancla de la comunión con Cristo. Ahora debemos reflexionar sobre cómo podemos, por una parte, conservar la apertura al mundo, es decir, ser solidarios con nuestros contemporáneos, y por otra, permanecer en profunda comunión con Cristo. Sólo así se puede garantizar la posibilidad de vivir según el Evangelio en nuestro tiempo.
–El Colegio Cardenalicio está por encima del colegio de los obispos. Este es un problema para las Iglesias orientales. ¿En el futuro cónclave ve usted solo a cardenales?
–No diría que el Colegio Cardenalicio está por encima del Colegio de los obispos. A partir de Juan XXIII, todos los cardenales son obispos y, gran parte de ellos, obispos de grandes diócesis. No veo esta tensión, aunque quizá esta dificultad implica a la Iglesia oriental. Pero al mismo tiempo, muchos patriarcas son cardenales. Llegados a este punto, se puede discutir y valorar si un patriarca, por el hecho de serlo, pueda participar directamente en el Cónclave. La tradición que une al Papa con los cardenales, que pertenecen al clero de Roma, es de por sí una buena tradición. En relación con la Iglesia oriental se podría reflexionar sobre cómo mejorar este punto.
Relaciones con la Iglesia Ortodoxa
–¿No sería oportuno un concilio Vaticano verdaderamente ecuménico, con la participación de las Iglesias ortodoxas? Perdone, eminencia, si han caído las excomuniones, estamos en comunión...
–Se puede excomulgar a las personas, no a las Iglesias. La figura de las «Iglesias excomulgadas» no existe. Las personas que fueron excomulgadas en 1054 ya no están, y en el otro mundo no rige el derecho eclesiástico, se vive en las manos de Dios. En 1965 no se quiso tanto levantar excomuniones que ya no existían como purificar la memoria de la Iglesia. Con la purificación de la memoria deberíamos haber llegado a la unidad perfecta.
–En cambio, no ha sido así...
–Por desgracia. Nuestros amigos ortodoxos afirman que en muchas cosas no estamos a la altura de su punto de vista. Ven herejías. Precisamente no consigo encontrar una oportunidad para implicarlos en un nuevo concilio. Ellos mismos serían, probablemente, los que darían una respuesta negativa. Por tanto, queda la difícil y trabajosa, amorosa y apasionada búsqueda de cómo superar estos impedimentos.
–Hablaba usted de los laicos. Me pregunto, leyendo tantos documentos de la Iglesia, dónde ha ido a parar la categoría de «pueblo de Dios»....
–Quizá era mal interpretada. En el Antiguo Testamento era el pueblo de Israel; de Cristo en adelante el nuevo pueblo es el de sus seguidores. No es un concepto que indique de por sí una teología del laicado. Al pueblo de Dios, gracias a Dios, pertenecen también los obispos y los sacerdotes. La teología del laicado debe ser repensada de un modo muy realista.
–¿En qué sentido?
–En el sentido de no clericalizar a los laicos. Se piensa que solo los cristianos que gestionan las cosas de la Iglesia son cristianos al cien por cien. El problema está en cómo el cristiano puede cooperar para que el evangelio sea levadura del mundo.
«Fundamentalista».
–Usted, cardenal, ha hecho sufrir mucho a los de otras confesiones cristianas no católicas durante el Jubileo. La declaración «Dominus Iesus» ha sido juzgada como un documentos fundamentalista que corría el riesgo de cortar de raíz cualquier diáologo ecuménico. ¿Lo volvería a escribir?
–Sí, ciertamente. Etiquetar a un documento como «fundamentalista» es una manera de evitar el diálogo. Es una etiqueta que no acepto porque no es justa. A muchos, casi todos los protestantes, les agradó la primera parte del documento, en donde hay una confesión franca, humilde y abierta de que Cristo es el Hijo de Dios, aunque es distinto a todas las grandes personalidades de la Historia de las Religiones. Sólo la Iglesia católica tenía la posibilidad de hablar al mundo con esta voz, sobre Cristo. El segundo punto, naturalmente, ha presentado serias dificultades a los protestantes. La Iglesia no es sólo un suelo para el mañana, es una realidad para hoy, y está bien que una Iglesia piense en custodiar a la Persona que la ha creado. Y esto, a pesar de nuestras insuficiencias y nuestas separaciones. Muchos obispos que han llegado de países donde los católicos son minoría nos dan las gracias por la valentía con la que hemos afirmado nuestra identidad. Sólo a partir de una identidad bien definida se puede discutir.
No todas las religiones son iguales
–¿Las religiones son todas iguales para alcanzar la salvación o son todas complementarias a la Revelación? Contésteme sí o no.
–El término «complementarias» no me gusta. Me sorprende que personas que no se interesan por la salvación formulen la teoría de la convergencia de todas las religiones...
–¿Una religión es igual que otra?
–No, no son todas idénticas. Con esta fraseología se intenta ahorrar el esfuerzo de conocer realmente las religiones. Muchos nos invitan a no ser conservadores, tradicionalistas o conformistas, y al mismo tiempo exaltan el valor de la tradición, por tanto el conservadurismo. Este es un procedimiento contradictorio. Todos debemos buscar con nuestras consciencias lo que sea mejor para la salvación del hombre.
- Hace tiempo, usted declaró: «Lo que me maravilla no es la incredulidad, sino la fe. El que me sorprende no es el ateo, sino el cristiano». ¿Sigue pensando lo mismo?
–No he cambiado de idea. El mundo nos aconseja el agnosticismo. Pensar que somos demasiado pequeños, que nuestra razón es demasiado frágil para poder creer en Dios. Y sin embargo, en un mundo tan fragmentado y oscuro, millones de personas siguen creyendo. Esto es un milagro. Es el signo de que Dios obra en medio de nosotros.
El arte de la felicidad.
–La Iglesia católica debe enseñar el arte de vivir bien, el arte de la felicidad. «Vosotros sois el pueblo de las bienaventuranzas», dijo el Juan Pablo II a los jóvenes en Toronto. ¿Satisface la Iglesia esta sed de felicidad y de infinito que hay en el corazón del hombre?
–No siempre, no siempre de modo suficiente. Queda, sin embargo, como una fuente. Si uno se acerca, aceptando también los aspectos humanos más débiles, puede encontrar la luz de la eternidad y los signos de la felicidad.
–¿Es Dios que ya no se deja escuchar o el hombre el que ya no está en condiciones de escucharlo?
–Dios a veces se esconde, como se lee en las Sagradas Escrituras, y se esconde para invitarnos a buscarlo más, con mayor fuerza. El hombre, por el contrario, está demasiado ocupado en otras cosas y se convierte en sordo y ciego. Debemos liberarnos de las ocupaciones inútiles y procurarnos un poco más de atencion interior para poder ver mejor.
–¿Cuáles son, según el custodio de la fe católica, las herejías más peligrosas de nuestro tiempo?
–El problema central es nuestra sordera a la voz de Dios: el agnosticismo se convierte en algo cotidiano, en una elección de vida. Además, se intenta reducir a Cristo a una persona con una gran experiencia religiosa. Un Cristo exclusivamente humano, que no es grande por su divinidad, sino sólo por las conveniencias del momento.
–¿Cuál será el futuro del cristianismo?
–¿Quién puede osar responder a esto? El Señor nos asegura que la Iglesia estará siempre viva hasta el fin del mundo, aunque con gran sufrimiento, y quizá muy reducida. El Evangelio se pregunta: «Cuando Cristo vuelva, ¿encontrará todavía fe sobre la Tierra?». Habrá muchas crisis: por otra parte sabemos que el hombre está siempre abierto a Dios y que Dios se hace presente. La Iglesia, como en el pasado, deberá sufrir muchas tentaciones, sufrimientos y persecuciones. Quedará sin embargo una fuente de vida, de alegría, una razón de esperanza.
–Cuando Cristo llegue, ¿encontrará todavía fe sobre la tierra?
–Aquí el Señor habla de forma interrogativa, otros textos de la Escirtura, en cambio, nos dicen que Cristo encontrará la fe, y encontrará a su Iglesia. La redimirá y redimirá al mundo.
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Los 7 discursos de Benedicto XVI en su visita a Valencia
Publicamos íntegras todas las homilías y alocuciones del Papa durante su estancia en la ciudad del Turia para presidir el EMF
¿Qué dijo Benedicto XVI en su visita a Valencia para presidir el V Encuentro Mundial de las Familias (EMF)? Desde que el Papa pisó tierras valencianas hasta que subió las escaleras del avión que le devolvería al Vaticano, el Pontífice pronunció un total de siete discursos que, por considerarlos de sumo interés, reproducimos a continuación.
Extraídos de ZENIT, los publicamos en orden cronológicamente inverso: El discurso de despedida de este domingo, 9 de julio, en el aeropuerto de Valencia-Manises; las palabras del Papa al rezar el Ángelus tras la misa conclusiva del EMF; la homilía en esa misa de clausura, también el domingo; el discurso de la noche del día anterior, sábado, durante la vigilia del EMF; la carta que Benedicto XVI entregó a los obispos españoles; su oración en la entrada de la estación del metro de ‘Jesús’ por las víctimas del trágico accidente; y el discurso del sábado por la mañana en la ceremonia de bienvenida, también en el aeropuerto de Valencia-Manises.
1. Discurso de despedida de España de Benedicto XVI
Pronunciado el domingo, 9 de julio, en el aeropuerto de Valencia-Manises, durante la ceremonia de despedida y tras haber escuchado las palabras que le dirigió Su Majestad Don Juan Carlos de Borbón y Borbón.
Majestades, señor Presidente del Gobierno
y distinguidas Autoridades,
Señores Cardenales y Hermanos en el episcopado,
Queridos hermanos y hermanas:
1. Al concluir mi grata estancia en Valencia con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias, agradezco vivamente a Sus Majestades los Reyes de España, a las Autoridades de la Nación, de la Generalitat de Valencia y de la Alcaldía, así como al Señor Arzobispo y a todos vosotros, la amable hospitalidad que me habéis dispensado y las muestras de afecto en todos los momentos de mi visita a esta floreciente tierra levantina.
2. Confío en que, con la ayuda del Altísimo y la maternal protección de la Virgen María, este Encuentro siga resonando como un canto gozoso del amor, de la vida y de la fe compartida en las familias, ayudando al mundo de hoy a comprender que la alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer establecen un vínculo permanente, es un gran bien para toda la humanidad.
3. Gracias por vuestra presencia aquí. Habéis venido de todos los continentes del mundo, con no pocos sacrificios que habéis afrontado y ofrecido al Señor. Os llevo en mi corazón. Mis sentimientos se unen a mi oración para que el Todopoderoso os bendiga hoy y siempre.
2. Palabras del Papa al rezar el Ángelus tras las misa conclusiva del
V Encuentro Mundial de las Familias
Palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo al rezar el Ángelus al final de la celebración eucarística con la que clausuró, en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia, el EMF.
Antes de terminar esta celebración nos dirigimos a la Virgen María, como tantas familias la invocan en la intimidad de su casa, para que las asista con su solicitud materna. Con la intercesión de María, abrid vuestros hogares y vuestros corazones a Cristo para que él sea vuestra fuerza y vuestro gozo, y os ayude a vivir unidos y a proclamar al mundo la fuerza invencible del verdadero amor.
En este momento quiero dar gracias a todos los que han hecho posible el buen desarrollo de este Encuentro. De modo particular deseo reconocer el trabajo sacrificado y eficaz de los numerosos Voluntarios de tantas nacionalidades por su abnegada colaboración en todos los actos. Un agradecimiento especial lo dedico a las numerosas personas y comunidades religiosas, sobre todo de clausura, que con su oración perseverante han acompañado todas las celebraciones.
Ahora tengo el gozo de anunciar que el próximo Encuentro Mundial de las Familias se celebrará el año 2009 en la Ciudad de México. A la amada Iglesia que peregrina en la noble Nación mexicana y en la persona del Señor Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo de aquella ciudad, expreso ya desde ahora mi gratitud por su disponibilidad.
[A continuación, el Papa saludó a las familias en francés, inglés, alemán, italiano, portugués, y polaco. Volviendo a hablar en español, concluyó con estas palabras]
Abrazo de corazón a todas las familias aquí presentes y a las que se han unido a esta celebración a través de la radio, la televisión u otros medios de comunicación social. Encomiendo a todas a la Sagrada Familia de Nazaret para que las proteja y, siguiendo su ejemplo callado, ayuden a los hijos a crecer en sabiduría, en edad y en gracia ante Dios y los hombres (cf. Lc 2,52).
3. Homilía del Papa en la misa de clausura del
V Encuentro Mundial de las Familias
Homilía que pronunció Benedicto XVI durante la misa conclusiva del V Encuentro Mundial de las Familias que celebró en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia.
Queridos hermanos y hermanas:
En esta Santa Misa que tengo la inmensa alegría de presidir, concelebrando con numerosos Hermanos en el episcopado y con un gran número de sacerdotes, doy gracias al Señor por todas las amadas familias que os habéis congregado aquí formando una multitud jubilosa, y también por tantas otras que, desde lejanas tierras, seguís esta celebración a través de la radio y la televisión. A todos deseo saludaros y expresaros mi gran afecto con un abrazo de paz.
Los testimonios de Ester y Pablo, que hemos escuchado antes en las lecturas, muestran cómo la familia está llamada a colaborar en la transmisión de la fe. Ester confiesa: "Mi padre me ha contado que tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones" (14,5). Pablo sigue la tradición de sus antepasados judíos dando culto a Dios con conciencia pura. Alaba la fe sincera de Timoteo y le recuerda "esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y que estoy seguro que tienes también tú" (2 Tm 1,5). En estos testimonios bíblicos la familia comprende no sólo a padres e hijos, sino también a los abuelos y antepasados. La familia se nos muestra así como una comunidad de generaciones y garante de un patrimonio de tradiciones.
Ningún hombre se ha dado el ser a sí mismo ni ha adquirido por sí solo los conocimientos elementales para la vida. Todos hemos recibido de otros la vida y las verdades básicas para la misma, y estamos llamados a alcanzar la perfección en relación y comunión amorosa con los demás. La familia, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, expresa esta dimensión relacional, filial y comunitaria, y es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral.
Cuando un niño nace, a través de la relación con sus padres empieza a formar parte de una tradición familiar, que tiene raíces aún más antiguas. Con el don de la vida recibe todo un patrimonio de experiencia. A este respecto, los padres tienen el derecho y el deber inalienable de transmitirlo a los hijos: educarlos en el descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la vida social, en el ejercicio responsable de su libertad moral y de su capacidad de amar a través de la experiencia de ser amados y, sobre todo, en el encuentro con Dios. Los hijos crecen y maduran humanamente en la medida en que acogen con confianza ese patrimonio y esa educación que van asumiendo progresivamente. De este modo son capaces de elaborar una síntesis personal entre lo recibido y lo nuevo, y que cada uno y cada generación está llamado a realizar.
En el origen de todo hombre y, por tanto, en toda paternidad y maternidad humana está presente Dios Creador. Por eso los esposos deben acoger al niño que les nace como hijo no sólo suyo, sino también de Dios, que lo ama por sí mismo y lo llama a la filiación divina. Más aún: toda generación, toda paternidad y maternidad, toda familia tiene su principio en Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
A Ester su padre le había trasmitido, con la memoria de sus antepasados y de su pueblo, la de un Dios del que todos proceden y al que todos están llamados a responder. La memoria de Dios Padre que ha elegido a su pueblo y que actúa en la historia para nuestra salvación. La memoria de este Padre ilumina la identidad más profunda de los hombres: de dónde venimos, quiénes somos y cuán grande es nuestra dignidad. Venimos ciertamente de nuestros padres y somos sus hijos, pero también venimos de Dios, que nos ha creado a su imagen y nos ha llamado a ser sus hijos. Por eso, en el origen de todo ser humano no existe el azar o la casualidad, sino un proyecto del amor de Dios. Es lo que nos ha revelado Jesucristo, verdadero Hijo de Dios y hombre perfecto. Él conocía de quién venía y de quién venimos todos: del amor de su Padre y Padre nuestro.
La fe no es, pues, una mera herencia cultural, sino una acción continua de la gracia de Dios que llama y de la libertad humana que puede o no adherirse a esa llamada. Aunque nadie responde por otro, sin embargo los padres cristianos están llamados a dar un testimonio creíble de su fe y esperanza cristiana. Han de procurar que la llamada de Dios y la Buena Nueva de Cristo lleguen a sus hijos con la mayor claridad y autenticidad.
Con el pasar de los años, este don de Dios que los padres han contribuido a poner ante los ojos de los pequeños necesitará también ser cultivado con sabiduría y dulzura, haciendo crecer en ellos la capacidad de discernimiento. De este modo, con el testimonio constante del amor conyugal de los padres, vivido e impregnado de la fe, y con el acompañamiento entrañable de la comunidad cristiana, se favorecerá que los hijos hagan suyo el don mismo de la fe, descubran con ella el sentido profundo de la propia existencia y se sientan gozosos y agradecidos por ello.
La familia cristiana transmite la fe cuando los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos (cf. Familiaris consortio, 60); cuando los acercan a los sacramentos y los van introduciendo en la vida de la Iglesia; cuando todos se reúnen para leer la Biblia, iluminando la vida familiar a la luz de la fe y alabando a Dios como Padre.
En la cultura actual se exalta muy a menudo la libertad del individuo concebido como sujeto autónomo, como si se hiciera él sólo y se bastara a sí mismo, al margen de su relación con los demás y ajeno a su responsabilidad ante ellos. Se intenta organizar la vida social sólo a partir de deseos subjetivos y mudables, sin referencia alguna a una verdad objetiva previa como son la dignidad de cada ser humano y sus deberes y derechos inalienables a cuyo servicio debe ponerse todo grupo social.
La Iglesia no cesa de recordar que la verdadera libertad del ser humano proviene de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Por ello, la educación cristiana es educación de la libertad y para la libertad. "Nosotros hacemos el bien no como esclavos, que no son libres de obrar de otra manera, sino que lo hacemos porque tenemos personalmente la responsabilidad con respecto al mundo; porque amamos la verdad y el bien, porque amamos a Dios mismo y, por tanto, también a sus criaturas. Ésta es la libertad verdadera, a la que el Espíritu Santo quiere llevarnos" (Homilía en la vigilia de Pentecostés, L’Osservatore Romano, edic. lengua española, 9-6-2006, p. 6).
Jesucristo es el hombre perfecto, ejemplo de libertad filial, que nos enseña a comunicar a los demás su mismo amor: "Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor" (Jn 15,9). A este respecto enseña el Concilio Vaticano II que "los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, deben apoyarse mutuamente en la gracia, con un amor fiel a lo largo de toda su vida, y educar en la enseñanza cristiana y en los valores evangélicos a sus hijos recibidos amorosamente de Dios. De esta manera ofrecen a todos el ejemplo de un amor incansable y generoso, construyen la fraternidad de amor y son testigos y colaboradores de la fecundidad de la Madre Iglesia como símbolo y participación de aquel amor con el que Cristo amó a su esposa y se entregó por ella" (Lumen gentium, 41).
La alegría amorosa con la que nuestros padres nos acogieron y acompañaron en los primeros pasos en este mundo es como un signo y prolongación sacramental del amor benevolente de Dios del que procedemos. La experiencia de ser acogidos y amados por Dios y por nuestros padres es la base firme que favorece siempre el crecimiento y desarrollo auténtico del hombre, que tanto nos ayuda a madurar en el camino hacia la verdad y el amor, y a salir de nosotros mismos para entrar en comunión con los demás y con Dios.
Para avanzar en ese camino de madurez humana, la Iglesia nos enseña a respetar y promover la maravillosa realidad del matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, que es, además, el origen de la familia. Por eso, reconocer y ayudar a esta institución es uno de los mayores servicios que se pueden prestar hoy día al bien común y al verdadero desarrollo de los hombres y de las sociedades, así como la mejor garantía para asegurar la dignidad, la igualdad y la verdadera libertad de la persona humana.
En este sentido, quiero destacar la importancia y el papel positivo que a favor del matrimonio y de la familia realizan las distintas asociaciones familiares eclesiales. Por eso, "deseo invitar a todos los cristianos a colaborar, cordial y valientemente con todos los hombres de buena voluntad, que viven su responsabilidad al servicio de la familia" (Familiaris consortio, 86), para que uniendo sus fuerzas y con una legítima pluralidad de iniciativas contribuyan a la promoción del verdadero bien de la familia en la sociedad actual.
Volvamos por un momento a la primera lectura de esta Misa, tomada del libro de Ester. La Iglesia orante ha visto en esta humilde reina, que intercede con todo su ser por su pueblo que sufre, un prefiguración de María, que su Hijo nos ha dado a todos nosotros como Madre; una prefiguración de la Madre, que protege con su amor a la familia de Dios que peregrina en este mundo. María es la imagen ejemplar de todas las madres, de su gran misión como guardianas de la vida, de su misión de enseñar el arte de vivir, el arte de amar.
La familia cristiana –padre, madre e hijos- está llamada, pues, a cumplir los objetivos señalados no como algo impuesto desde fuera, sino como un don de la gracia del sacramento del matrimonio infundida en los esposos. Si éstos permanecen abiertos al Espíritu y piden su ayuda, él no dejará de comunicarles el amor de Dios Padre manifestado y encarnado en Cristo. La presencia del Espíritu ayudará a los esposos a no perder de vista la fuente y medida de su amor y entrega, y a colaborar con él para reflejarlo y encarnarlo en todas las dimensiones de su vida. El Espíritu suscitará asimismo en ellos el anhelo del encuentro definitivo con Cristo en la casa de su Padre y Padre nuestro. Éste es el mensaje de esperanza que desde Valencia quiero lanzar a todas las familias del mundo. Amén.
4. Discurso de Benedicto XVI durante la vigilia del
V Encuentro Mundial de las Familias
Discurso que dirigió el Pontífice en la noche de este sábado, durante la vigilia del V Encuentro Mundial de las Familias, que se celebró en el entorno de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Amados hermanos y hermanas:
Siento un gran gozo al participar en este encuentro de oración, en el cual se quiere celebrar con gran alegría el don divino de la familia. Me siento muy cercano con la oración a todos los que han vivido recientemente el luto en esta ciudad, y con la esperanza en Cristo resucitado, que da aliento y luz aún en los momentos de mayor desgracia humana.
Unidos por la misma fe en Cristo, nos hemos congregado aquí, desde tantas partes del mundo, como una comunidad que agradece y da testimonio con júbilo de que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios para amar y que sólo se realiza plenamente a sí mismo cuando hace entrega sincera de sí a los demás. La familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor. Por eso la Iglesia manifiesta constantemente su solicitud pastoral por este espacio fundamental para la persona humana. Así lo enseña en su Magisterio: "Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el Matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, «de manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 6)" (Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio, 337).
Ésta es la verdad que la Iglesia proclama sin cesar al mundo. Mi querido predecesor Juan Pablo II, decía que "El hombre se ha convertido en ‘imagen y semejanza’ de Dios, no sólo a través de la propia humanidad, sino también a través de la comunión de las personas que el varón y la mujer forman desde el principio. Se convierten en imagen de Dios, no tanto en el momento de la soledad, cuanto en el momento de la comunión" (Catequesis, 14-XI-1979). Por eso he confirmado la convocatoria de este V Encuentro Mundial de las Familias en España, y concretamente en Valencia, rica en sus tradiciones y orgullosa de la fe cristiana que se vive y cultiva en tantas familias.
La familia es una institución intermedia entre el individuo y la sociedad, y nada la puede suplir totalmente. Ella misma se apoya sobre todo en una profunda relación interpersonal entre el esposo y la esposa, sostenida por el afecto y comprensión mutua. Para ello recibe la abundante ayuda de Dios en el sacramento del matrimonio, que comporta verdadera vocación a la santidad. Ojalá que los hijos contemplen más los momentos de armonía y afecto de los padres, que no los de discordia o distanciamiento, pues el amor entre el padre y la madre ofrece a los hijos una gran seguridad y les enseña la belleza del amor fiel y duradero.
La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro de los esposos durante toda su vida. Es un bien insustituible para los hijos, que han de ser fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Proclamar la verdad integral de la familia, fundada en el matrimonio como Iglesia doméstica y santuario de la vida, es una gran responsabilidad de todos.
El padre y la madre se han dicho un "sí" total ante de Dios, lo cual constituye la base del sacramento que les une; asimismo, para que la relación interna de la familia sea completa, es necesario que digan también un "sí" de aceptación a sus hijos, a los que han engendrado o adoptado y que tienen su propia personalidad y carácter. Así, éstos irán creciendo en un clima de aceptación y amor, y es de desear que al alcanzar una madurez suficiente quieran dar a su vez un "sí" a quienes les han dado la vida.
Los desafíos de la sociedad actual, marcada por la dispersión que se genera sobre todo en el ámbito urbano, hacen necesario garantizar que las familias no estén solas. Un pequeño núcleo familiar puede encontrar obstáculos difíciles de superar si se encuentra aislado del resto de sus parientes y amistades. Por ello, la comunidad eclesial tiene la responsabilidad de ofrecer acompañamiento, estímulo y alimento espiritual que fortalezca la cohesión familiar, sobre todo en las pruebas o momentos críticos. En este sentido, es muy importante la labor de las parroquias, así como de las diversas asociaciones eclesiales, llamadas a colaborar como redes de apoyo y mano cercana de la Iglesia para el crecimiento de la familia en la fe.
Cristo ha revelado cuál es siempre la fuente suprema de la vida para todos y, por tanto, también para la familia: "Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos" (Jn 15,12-13). El amor de Dios mismo se ha derramado sobre nosotros en el bautismo. De ahí que las familias están llamadas a vivir esa calidad de amor, pues el Señor es quien se hace garante de que eso sea posible para nosotros a través del amor humano, sensible, afectuoso y misericordioso como el de Cristo.
Junto con la transmisión de la fe y del amor del Señor, una de las tareas más grandes de la familia es la de formar personas libres y responsables. Por ello los padres han de ir devolviendo a sus hijos la libertad, de la cual durante algún tiempo son tutores. Si éstos ven que sus padres -y en general los adultos que les rodean- viven la vida con alegría y entusiasmo, incluso a pesar de las dificultades, crecerá en ellos más fácilmente ese gozo profundo de vivir que les ayudará a superar con acierto los posibles obstáculos y contrariedades que conlleva la vida humana. Además, cuando la familia no se cierra en sí misma, los hijos van aprendiendo que toda persona es digna de ser amada, y que hay una fraternidad fundamental universal entre todos los seres humanos.
Este V Encuentro Mundial nos invita a reflexionar sobre un tema de particular importancia y que comporta una gran responsabilidad para nosotros: "La transmisión de la fe en la familia". Lo expresa muy bien el Catecismo de la Iglesia Católica: "Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de fe" (n. 171).
Como se simboliza en la liturgia del bautismo, con la entrega del cirio encendido, los padres son asociados al misterio de la nueva vida como hijos de Dios, que se recibe con las aguas bautismales.
Transmitir la fe a los hijos, con la ayuda de otras personas e instituciones como la parroquia, la escuela o las asociaciones católicas, es una responsabilidad que los padres no pueden olvidar, descuidar o delegar totalmente. "La familia cristiana es llamada Iglesia doméstica, porque manifiesta y realiza la naturaleza comunitaria y familiar de la Iglesia en cuanto familia de Dios. Cada miembro, según su propio papel, ejerce el sacerdocio bautismal, contribuyendo a hacer de la familia una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos" (Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio, 350). Y además: "Los padres, partícipes de la paternidad divina, son los primeros responsables de la educación de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe. Tienen el deber de amar y de respetar a sus hijos como personas y como hijos de Dios... En especial, tienen la misión de educarlos en la fe cristiana" (ibíd., 460).
El lenguaje de la fe se aprende en los hogares donde esta fe crece y se fortalece a través de la oración y de la práctica cristiana. En la lectura del Deuteronomio hemos escuchado la oración repetida constantemente por el pueblo elegido, la Shema Israel, y que Jesús escucharía y repetiría en su hogar de Nazaret. Él mismo la recordaría durante su vida pública, como nos refiere el evangelio de Marcos (Mc 12,29). Ésta es la fe de la Iglesia que viene del amor de Dios, por medio de vuestras familias. Vivir la integridad de esta fe, en su maravillosa novedad, es un gran regalo. Pero en los momentos en que parece que se oculta el rostro de Dios, creer es difícil y cuesta un gran esfuerzo.
Este encuentro da nuevo aliento para seguir anunciando el Evangelio de la familia, reafirmar su vigencia e identidad basada en el matrimonio abierto al don generoso de la vida, y donde se acompaña a los hijos en su crecimiento corporal y espiritual. De este modo se contrarresta un hedonismo muy difundido, que banaliza las relaciones humanas y las vacía de su genuino valor y belleza. Promover los valores del matrimonio no impide gustar plenamente la felicidad que el hombre y la mujer encuentran en su amor mutuo. La fe y la ética cristiana, pues, no pretenden ahogar el amor, sino hacerlo más sano, fuerte y realmente libre. Para ello, el amor humano necesita ser purificado y madurar para ser plenamente humano y principio de una alegría verdadera y duradera (cf. Discurso en san Juan de Letrán, 5 junio 2006).
Invito, pues, a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el bien evidente que los hogares en paz y en armonía aseguran al hombre, a la familia, centro neurálgico de la sociedad, como recuerda la Santa Sede en la Carta de los Derechos de la Familia. El objeto de las leyes es el bien integral del hombre, la respuesta a sus necesidades y aspiraciones. Esto es una ayuda notable a la sociedad, de la cual no se puede privar y para los pueblos es una salvaguarda y una purificación. Además, la familia es una escuela de humanización del hombre, para que crezca hasta hacerse verdaderamente hombre. En este sentido, la experiencia de ser amados por los padres lleva a los hijos a tener conciencia de su dignidad de hijos.
La criatura concebida ha de ser educada en la fe, amada y protegida. Los hijos, con el fundamental derecho a nacer y ser educados en la fe, tienen derecho a un hogar que tenga como modelo el de Nazaret y sean preservados de toda clase de insidias y amenazas.
Deseo referirme ahora a los abuelos, tan importantes en las familias. Yo soy el abuelo del mundo, hemos escuchado ahora. Ellos pueden ser -y son tantas veces- los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los pequeños la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Ojalá que, bajo ningún concepto, sean excluidos del círculo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones, sobre todo cuando dan testimonio de fe ante la cercanía de la muerte.
Quiero ahora recitar una parte de la oración que habéis rezado pidiendo por el buen fruto de este Encuentro Mundial de las Familias:
Oh, Dios, que en la Sagrada Familia
nos dejaste un modelo perfecto de vida familiar
vivida en la fe y la obediencia a tu voluntad.
Ayúdanos a ser ejemplo de fe y amor a tus mandamientos.
Socórrenos en nuestra misión de transmitir la fe a nuestros hijos.
Abre su corazón para que crezca en ellos
la semilla de la fe que recibieron en el bautismo.
Fortalece la fe de nuestros jóvenes,
para que crezcan en el conocimiento de Jesús.
Aumenta el amor y la fidelidad en todos los matrimonios,
especialmente aquellos que pasan por momentos de sufrimiento o dificultad.
(. . .)
Unidos a José y María,
Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor. Amén.
5. Carta de Benedicto XVI a los obispos españoles
Carta que el Papa ha dirigido a los obispos españoles y que entregó este sábado en la Capilla del Santo Cáliz, en la catedral de Valencia.
Queridos Hermanos en el episcopado
Con gozo en el corazón, doy gracias al Señor por haber podido venir a España como Papa, para participar en el Encuentro Mundial de las Familias en Valencia. Os saludo con afecto, Hermanos Obispos de este querido País, y os agradezco vuestra presencia y los muchos esfuerzos que habéis realizado en su preparación y celebración. Aprecio particularmente el gran trabajo llevado a cabo por el Señor Arzobispo de Valencia y sus Obispos Auxiliares para que este acontecimiento tan significativo para toda la Iglesia obtenga los frutos deseados, contribuyendo a dar un nuevo impulso a la familia como santuario del amor, de la vida y de la fe.
En realidad, la solicitud de todos vosotros ha hecho posible que se haya creado ya un ambiente de familia entre los mismos colaboradores y participantes de las diversas partes de España. Es un aspecto prometedor ante los deseos que habéis expresado en vuestro mensaje colectivo sobre este Encuentro Mundial, y también una invitación a recibir los frutos del mismo para proseguir una incesante e incisiva pastoral familiar en vuestras diócesis, que haga entrar en cada hogar el mensaje evangélico, que fortalece y da nuevas dimensiones al amor, ayudando así a superar las dificultades que encuentra en su camino.
Sabéis que sigo de cerca y con mucho interés los acontecimientos de la Iglesia en vuestro País, de profunda raigambre cristiana y que tanto ha aportado y está llamada a aportar al testimonio de la fe y a su difusión en otras muchas partes del mundo. Mantened vivo y vigoroso este espíritu, que ha acompañado la vida de los españoles en su historia, para que siga nutriendo y dando vitalidad al alma de vuestro pueblo.
Conozco y aliento el impulso que estáis dando a la acción pastoral, en un tiempo de rápida secularización, que a veces afecta incluso a la vida interna de las comunidades cristianas. Seguid, pues, proclamando sin desánimo que prescindir de Dios, actuar como si no existiera o relegar la fe al ámbito meramente privado, socava la verdad del hombre e hipoteca el futuro de la cultura y de la sociedad. Por el contrario, dirigir la mirada al Dios vivo, garante de nuestra libertad y de la verdad, es una premisa para llegar a una humanidad nueva. El mundo necesita hoy de modo particular que se anuncie y se dé testimonio de Dios que es amor y, por tanto, la única luz que, en el fondo, ilumina la oscuridad del mundo y nos da la fuerza para vivir y actuar (cf. Deus caritas est, 39).
En momentos o situaciones difíciles, recordad aquellas palabras de la Carta a los Hebreos: «corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, sin miedo a la ignominia [...], y no os canséis ni perdáis el ánimo» (12, 1-3). Proclamad que Jesús es «el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16), «el que tiene palabras de vida eterna» (cf. Jn 6, 68), y no os canséis de dar razón de vuestra esperanza (cf. 1 P 3, 15).
Movidos por vuestra solicitud pastoral y el espíritu de plena comunión en el anuncio del Evangelio, habéis orientado la conciencia cristiana de vuestros fieles sobre diversos aspectos de la realidad ante la cual se encuentran y que en ocasiones perturban la vida eclesial y la fe de los sencillos. Así mismo, habéis puesto la Eucaristía como tema central de vuestro Plan de Pastoral, con el fin de «revitalizar la vida cristiana desde su mismo corazón, pues adentrándonos en el misterio eucarístico entramos en el corazón de Dios» (n. 5). Ciertamente, en la Eucaristía se realiza «el acto central de transformación capaz de renovar verdaderamente el mundo» (Homilía en Marienfeld, Colonia, 21 agosto 2005).
Hermanos en el episcopado, os exhorto encarecidamente a mantener y acrecentar vuestra comunión fraterna, testimonio y ejemplo de la comunión eclesial que ha de reinar en todo el pueblo fiel que se os ha confiado. Ruego por vosotros, ruego por España. Os pido que oréis por mí y por toda la Iglesia. Invoco a la Santísima Virgen María, tan venerada en vuestras tierras, para que os ampare y acompañe en vuestro ministerio pastoral, a la vez que os imparto con gran afecto la Bendición Apostólica.
Valencia, 8 de julio de 2006
BENEDICTUS PP. XVI
6. Oración del Pontífice en la estación de metro de ‘Jesús
Oración pronunciada por Benedicto XVI ante la entrada de la estación de metro más cercana al lugar del trágico accidente que costó la vida a 42 personas en Valencia
Ante la Virgen de los Desamparados, le pedimos que sea consuelo para todas las familias que han sufrido las consecuencias del accidente, que ha sumido en el dolor y el luto a sus hijos en esta ciudad.
Con el corazón puesto en la misericordia divina, recemos todos juntos un Padrenuestro en sufragio de quienes están ahora en la presencia de Dios.
Todos:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación,
y líbranos del mal. Amén.
Dales, Señor el descanso eterno,
y brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz. Amén.
7. Discurso del Papa durante la ceremonia de bienvenida a España
Discurso que pronunció Benedicto XVI el sábado por la mañana, en el aeropuerto internacional de Valencia-Manises, durante la ceremonia de bienvenida
Majestades,
Señor Presidente del Gobierno
y distinguidas Autoridades,
Señores Cardenales y Hermanos en el episcopado
Queridos hermanos y hermanas:
l. Con gran emoción llego hoy a Valencia, a la noble y siempre querida España, que tan gratos recuerdos me ha dejado en mis precedentes visitas para participar en Congresos y reuniones.
2. Saludo cordialmente a todos, a los que están aquí presentes y a cuantos siguen este acto por los medios de comunicación.
Agradezco a Su Majestad el Rey Don Juan Carlos su presencia aquí, junto con la Reina y, especialmente, las palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre del pueblo español.
Expreso también mi deferente reconocimiento al Señor Presidente del Gobierno y a las demás Autoridades nacionales, autonómicas y municipales, manifestándoles mi gratitud por la colaboración prestada para la mejor realización de este V Encuentro Mundial.
Saludo con afecto a Monseñor Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, y a sus Obispos Auxiliares, así como a toda la Archidiócesis levantina que me ofrece una calurosa acogida en el marco de este Encuentro Mundial, y que estos días acompaña en el dolor a las familias que lloran por sus seres queridos, víctimas de un trágico episodio, y que se siente cercana también a los heridos.
Mis afectuosos saludos se dirigen también al Presidente del Consejo Pontificio para la Familia, así como a los demás Cardenales, al Presidente y miembros de la Conferencia Episcopal Española, a los sacerdotes, a las personas consagradas y a todos lo fieles laicos.
3. El motivo de esta esperada visita es participar en el V Encuentro Mundial de las Familias, cuyo tema es «La transmisión de la fe en la familia». Mi deseo es proponer el papel central, para la Iglesia y la sociedad, que tiene la familia fundada en el matrimonio. Ésta es una institución insustituible según los planes de Dios, y cuyo valor fundamental la Iglesia no puede dejar de anunciar y promover, para que sea vivido siempre con sentido de responsabilidad y alegría.
4. Mi venerado predecesor y gran amigo de España, el querido Juan Pablo II, convocó este Encuentro. Movido por la misma solicitud pastoral, mañana tendré la dicha de clausurarlo con la celebración de la Santa Misa en la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Muy unido a todos los participantes, imploraré del Señor, por intercesión de nuestra Madre Santísima y del Apóstol Santiago, abundantes gracias para las familias de España y de todo el mundo.
¡Que el Señor bendiga copiosamente a todos vosotros y a vuestras queridas familias!
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Te acompaño el Mensaje para la Cuaresma de este año 2007, del Papa Benedicto XVI: tendría que haberlo enviado a principios de Cuaresma, pero se me olvidó. También te envío el mensaje del Papa para la Jornada de la Juventud. En caso de que no seas joven de edad no pasa nada, es el interior, donde reside el espíritu, que es el que nos hace jóvenes o viejos, aunque nuestro carnet diga lo contrario. Espero que te ayuden.
*Código: ZS07021306
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*Fecha publicación: 2007-02-13
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*Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2007
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*«Mirarán al que traspasaron»
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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 13 febrero 2007
(ZENIT.org<http://www.zenit.org/>).-
Publicamos el mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2007, distribuido este martes por la Santa Sede, con el título «Mirarán al que traspasaron» (Juan 19,37).
* * *
¡Queridos hermanos y hermanas!
«Mirarán al que traspasaron» (Jn 19,37). Éste es el tema bíblico que guía este año nuestra reflexión cuaresmal. La Cuaresma es un tiempo propicio para aprender a permanecer con María y Juan, el discípulo predilecto, junto a Aquel que en la Cruz consuma el sacrificio de su vida para toda la humanidad (cf. Jn 19,25). Por tanto, con una atención más viva, dirijamos nuestra mirada, en este tiempo de penitencia y de oración, a Cristo crucificado que, muriendo en el Calvario, nos ha revelado plenamente el amor de Dios. En la Encíclica *Deus caritas est *he tratado con detenimiento el tema del amor, destacando sus dos formas fundamentales: el *agapé *y el *eros*.
*El amor de Dios: agapé y eros*
El término *agapé *, que aparece muchas veces en el Nuevo Testamento, indica el amor oblativo de quien busca exclusivamente el bien del otro; la palabra
*eros* denota, en cambio, el amor de quien desea poseer lo que le falta y anhela la unión con el amado. El amor con el que Dios nos envuelve es sin duda *agapé *. En efecto, ¿acaso puede el hombre dar a Dios algo bueno que Él no posea ya? Todo lo que la criatura humana es y tiene es don divino: por tanto, es la criatura la que tiene necesidad de Dios en todo. Pero el amor de Dios es también *eros*. En el Antiguo Testamento el Creador del universo muestra hacia el pueblo que ha elegido una predilección que trasciende toda motivación humana. El profeta Oseas expresa esta pasión divina con imágenes audaces como la del amor de un hombre por una mujer adúltera (cf. 3,1-3); Ezequiel, por su parte, hablando de la relación de Dios con el pueblo de Israel, no tiene miedo de usar un lenguaje ardiente y apasionado (cf. 16,1-22). Estos textos bíblicos indican que el *eros* forma parte del corazón de Dios: el Todopoderoso espera el «sí» de sus criaturas como un joven esposo el de su esposa. Desgraciadamente, desde sus orígenes la humanidad, seducida por las mentiras del Maligno, se ha cerrado al amor de Dios, con la ilusión de una autosuficiencia que es imposible (cf. Gn 3,1-7). Replegándose en sí mismo, Adán se alejó de la fuente de la vida que es Dios mismo, y se convirtió en el primero de «los que, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud» (Hb 2,15). Dios, sin embargo, no se dio por vencido, es más, el «no» del hombre fue como el empujón decisivo que le indujo a manifestar su amor en toda su fuerza redentora.
*La Cruz revela la plenitud del amor de Dios *
En el misterio de la Cruz se revela enteramente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre celeste. Para reconquistar el amor de su criatura, Él aceptó pagar un precio muy alto: la sangre de su Hijo Unigénito. La muerte, que para el primer Adán era signo extremo de soledad y de impotencia, se transformó de este modo en el acto supremo de amor y de libertad del nuevo Adán. Bien podemos entonces afirmar, con san Máximo el Confesor, que Cristo «murió, si así puede decirse, divinamente, porque murió libremente» (Ambigua, 91, 1956). En la Cruz se manifiesta el *eros* de Dios por nosotros. Efectivamente, *eros* es —como expresa Pseudo-Dionisio Areopagita— esa fuerza «que hace que los amantes no lo sean de sí mismos, sino de aquellos a los que aman» (De divinis nominibus, IV, 13: PG 3, 712). ¿Qué mayor «*eros* loco» (N. Cabasilas, Vida en Cristo, 648) que el que trajo el Hijo de Dios al unirse a nosotros hasta tal punto que sufrió las consecuencias de nuestros delitos como si fueran propias?
*«Al que traspasaron» *
Queridos hermanos y hermanas, ¡miremos a Cristo traspasado en la Cruz! Él es la revelación más impresionante del amor de Dios, un amor en el que *eros* y *agapé*, lejos de contraponerse, se iluminan mutuamente. En la Cruz Dios mismo mendiga el amor de su criatura: Él tiene sed del amor de cada uno de nosotros. El apóstol Tomás reconoció a Jesús como «Señor y Dios» cuando puso la mano en la herida de su costado. No es de extrañar que, entre los santos, muchos hayan encontrado en el Corazón de Jesús la expresión más conmovedora de este misterio de amor. Se podría incluso decir que la revelación del *
eros* de Dios hacia el hombre es, en realidad, la expresión suprema de su * agapé*. En verdad, sólo el amor en el que se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros. Jesús dijo: «Yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32). La respuesta que el Señor desea ardientemente de nosotros es ante todo que aceptemos su amor y nos dejemos atraer por Él. Aceptar su amor, sin embargo, no es suficiente. Hay que corresponder a ese amor y luego comprometerse a comunicarlo a los demás: Cristo «me atrae hacia sí» para unirse a mí, para que aprenda a amar a los hermanos con su mismo amor.
*Sangre y agua*
«Mirarán al que traspasaron». ¡Miremos con confianza el costado traspasado de Jesús, del que salió «sangre y agua» (Jn 19,34)! Los Padres de la Iglesia consideraron estos elementos como símbolos de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. Con el agua del Bautismo, gracias a la acción del Espíritu Santo, se nos revela la intimidad del amor trinitario. En el camino cuaresmal, haciendo memoria de nuestro Bautismo, se nos exhorta a salir de nosotros mismos para abrirnos, con un confiado abandono, al abrazo misericordioso del Padre (cf. S. Juan Crisóstomo, Catequesis, 3,14 ss.). La sangre, símbolo del amor del Buen Pastor, llega a nosotros especialmente en el misterio eucarístico: «La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús… nos implicamos en la dinámica de su entrega» (Enc. *Deus caritas est*, 13). Vivamos, pues, la Cuaresma como un tiempo 'eucarístico', en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y palabra. De ese modo contemplar «al que traspasaron» nos llevará a abrir el corazón a los demás reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano; nos llevará, particularmente, a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de muchas personas. Que la Cuaresma sea para todos los cristianos una experiencia renovada del amor de Dios que se nos ha dado en Cristo, amor que por nuestra parte cada día debemos «volver a dar» al prójimo, especialmente al que sufre y al necesitado. Sólo así podremos participar plenamente de la alegría de la Pascua. Que María, la Madre del Amor Hermoso, nos guíe en este itinerario cuaresmal, camino de auténtica conversión al amor de Cristo. A vosotros, queridos hermanos y hermanas, os deseo un provechoso camino cuaresmal y, con afecto, os envío a todos una especial Bendición Apostólica.
*Vaticano, 21 de noviembre de 2006 *
*BENEDICTUS PP. XVI*
*[Traducción distribuida por la Santa Sede
(c) Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana] *
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Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Juventud 2007
"Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros" (Jn 13,34)
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 4 febrero 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que Benedicto XVI ha enviado a los chicos y chicas del mundo con motivo de la XXII Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará el 1 de abril de 2007, Domingo de Ramos.
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"Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros" (Jn 13,34)
Queridos jóvenes:
Con ocasión de la XXII Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en las Diócesis el próximo Domingo de Ramos, quisiera proponer para vuestra meditación las palabras de Jesús: "Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros" (Jn 13,34).
¿Es posible amar?
Cada persona siente el deseo de amar y de ser amado. Sin embargo, ¡qué difícil es amar, cuántos errores y fracasos hay que registrar en el amor! Hay quien incluso llega a dudar si el amor es posible. Pero si carencias afectivas o desilusiones sentimentales pueden hacernos pensar que amar sea una utopía, un sueño inalcanzable, ¿hay que resignarse? ¡No! El amor es posible y la finalidad de este mi mensaje es el de contribuir a revivir en cada uno de vosotros, que sois el futuro y la esperanza de la humanidad, la fe en el amor verdadero, fiel y fuerte; un amor que genera paz y alegría; un amor que une a las personas, haciéndolas sentirse libres en el mutuo respeto. Dejad ahora que recorra junto a vosotros un itinerario, en tres momentos, hacia el "descubrimiento" del amor.
Dios, fuente del amor
El primer momento hace referencia a la fuente del amor verdadero, que es única: es Dios. San Juan lo pone bien en evidencia cuando afirma que "Dios es amor" (1Jn 4,8.16); él no quiere decir sólo que Dios nos ama, sino que el ser mismo de Dios es amor. Estamos aquí ante la revelación más luminosa de la fuente del amor que es el misterio trinitario: en Dios, uno y trino, hay un eterno intercambio de amor entre las personas del Padre y del Hijo, y este amor no es una energía o un sentimiento, sino una persona, es el Espíritu Santo.
La Cruz de Cristo revela plenamente el amor de Dios
¿Cómo se nos manifiesta Dios-Amor? Estamos aquí en el segundo momento de nuestro itinerario. Aunque en la creación ya están claros los signos del amor divino, la revelación plena del misterio íntimo de Dios se ha realizado en la Encarnación, cuando Dios mismo se hizo hombre. En Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, hemos conocido el amor en todo su alcance. De hecho, "la verdadera originalidad del Nuevo Testamento – he escrito en la Encíclica Deus caritas est - no consiste en nuevas ideas, sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un realismo inaudito" (n.º 12). La manifestación del amor divino es total y perfecta en la Cruz, como afirma san Pablo: "la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (Rm 5,8). Cada uno de nosotros, por lo tanto, puede decir sin equivocarse: "Cristo me amó y se entregó por mí" (cfr. Ef 5,2). Redimida por su sangre, ninguna vida humana es inútil o de poco valor, porque todos somos amados personalmente por Él con un amor apasionado y fiel, con un amor sin límites. La Cruz, locura para el mundo, escándalo para muchos creyentes, es en cambio "sabiduría de Dios" para los que se dejan tocar hasta en lo más profundo del propio ser, "porque lo que es necedad de Dios es más sabio que los hombres, y lo que es debilidad de Dios es más fuerte que los hombres" (1Cor 1,24-25). Es más, el Crucificado, que después de la resurrección lleva para siempre los signos de la propia pasión, pone de relieve las "falsificaciones" y mentiras sobre Dios, que se ocultan bajo el manto de la violencia, la venganza y la exclusión. Cristo es el Cordero de Dios, que carga con el pecado del mundo y erradica el odio del corazón del hombre. Ésta es su verdadera "revolución": el amor.
Amar al prójimo como Cristo nos ama
Y aquí tenemos el tercer momento de nuestra reflexión. En la cruz Cristo grita: "Tengo sed" (Jn 19,28): revela así una ardiente sed de amar y de ser amado por cada uno de nosotros. Sólo si llegamos a percibir la profundidad y la intensidad de tal misterio, nos damos cuenta de la necesidad y de la urgencia de amarlo por nuestra parte "como" Él nos ha amado. Esto conlleva el empeño de dar también, si fuera necesario, la propia vida por los hermanos sostenidos por el amor de Él. Ya en el Antiguo Testamento Dios había dicho: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Lev 19,18), pero la novedad de Cristo consiste en el hecho de que amar como Él nos ha amado significa amar a todos, sin distinción, también a los enemigos, "hasta el extremo" (cfr. Jn 13,1).
Testigos del amor de Cristo
Quisiera ahora detenerme en tres ámbitos de la vida cotidiana donde vosotros, queridos jóvenes, estáis llamados en modo particular a manifestar el amor de Dios. El primer ámbito es la Iglesia que es nuestra familia espiritual, compuesta por todos los discípulos de Cristo. Testigos de sus palabras: "En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros" (Jn 13,35), alimentad, con vuestro entusiasmo y vuestra caridad, las actividades de las parroquias, de las comunidades, de los movimientos eclesiales y de los grupos juveniles a los que pertenecéis. Sed solícitos en buscar el bien de los demás, fieles a los compromisos tomados. No dudéis en renunciar con alegría a algunas de vuestras diversiones, aceptad de buena gana los sacrificios necesarios, dad testimonio de vuestro amor fiel por Cristo anunciando su Evangelio especialmente entre vuestros coetáneos.
Prepararse al futuro
El segundo ámbito, donde estáis llamados a expresar el amor y a crecer en él, es vuestra preparación al futuro que os espera. Si estáis prometidos, Dios tiene un proyecto de amor en vuestro futuro de matrimonio y de familia y por eso es esencial que vosotros lo descubráis con la ayuda de la Iglesia, libres del prejuicio difundido que el cristianismo, con sus mandamientos y sus prohibiciones, ponga obstáculos a la alegría del amor e impida en particular disfrutar plenamente aquella felicidad que el hombre y la mujer buscan en su recíproco amor. El amor del hombre y de la mujer está al origen de la familia humana y la pareja formada por el hombre y la mujer tiene su fundamento en el diseño original de Dios (cfr. Gen 2,18-25). Aprender a amarse como pareja es un camino maravilloso, aunque necesita un aprendizaje laborioso. El período del noviazgo, fundamental para construir el matrimonio, es un tiempo de espera y de preparación, que hay que vivir en la castidad de los gestos y de las palabras. Esto permite madurar en el amor, en el cuidado y en la atención para con el otro; ayuda a ejercitar el autodominio, a desarrollar el respeto del otro, características del verdadero amor que no busca en primer lugar la propia satisfacción ni el propio bienestar. En la oración común pedid al Señor que cuide y acreciente vuestro amor y lo purifique de todo egoísmo. Non dudéis en responder generosamente a la llamada del Señor, porque el matrimonio cristiano es una verdadera y auténtica vocación en la Iglesia. Igualmente, queridos y queridas jóvenes, estad preparados a decir "sí", si Dios os llama a seguirlo en el camino del sacerdocio ministerial o de la vida consagrada. Vuestro ejemplo será un aliciente para muchos de vuestros coetáneos, que están buscando la verdadera felicidad.
Crecer en el amor cada día
El tercer ámbito del compromiso que conlleva el amor es el de la vida cotidiana con sus múltiples relaciones. Me refiero sobre todo a la familia, al estudio, al trabajo y al tiempo libre. Queridos jóvenes, cultivad vuestros talentos no sólo para conquistar una posición social, sino también para ayudar a los demás "a crecer". Desarrollad vuestras capacidades, no sólo para ser más "competitivos" y "productivos", sino para ser "testigos de la caridad". Unid a la formación profesional el esfuerzo de adquirir conocimientos religiosos útiles para poder desempeñar vuestra misión en modo responsable. En modo particular, os invito a profundizar en la doctrina social de la Iglesia, para que a partir de sus principios esté inspirada e iluminada vuestra acción en el mundo. El Espíritu Santo os haga ingeniosos en la caridad, perseverantes en los compromisos que asumáis, y audaces en vuestras iniciativas, para que podáis ofrecer vuestra contribución a la edificación de la "civilización del amor". El horizonte del amor es verdaderamente ilimitado: ¡es el mundo entero!
"Osar el amor" siguiendo el ejemplo de los santos
Queridos jóvenes, quisiera invitaros a "osar el amor", a no desear otra cosa que un amor fuerte y hermoso, capaz de hacer de toda la existencia una realización gozosa del don de vosotros mismos a Dios y a los hermanos, imitando a Aquel que mediante el amor ha vencido para siempre el odio y la muerte (cfr. Ap 5,13). El amor es la única fuerza capaz de cambiar el corazón del hombre y de la humanidad entera, haciendo provechosas las relaciones entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres, entre culturas y civilizaciones. De esto da testimonio la vida de los Santos, verdaderos amigos de Dios, que son el canal y el reflejo de este amor original. Esforzaos en conocerlos mejor, encomendaos a su intercesión, intentad vivir como ellos. Me limito a citar a Madre Teresa que, para apresurarse en responder al grito de Cristo "Tengo sed", grito que la había removido profundamente, comenzó a recoger a los moribundos de las calles de Calcuta, en India. Desde entonces, el único deseo de su vida se convirtió en saciar la sed de amor de Cristo no con palabras, sino con actos concretos, reconociendo el rostro desfigurado, sediento de amor, en el rostro de los más pobres entre los pobres. La Beata Teresa puso en práctica la enseñanza del Señor: "Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25,40). Y el mensaje de este humilde testigo del amor se ha difundido por el mundo entero.
El secreto del amor
A cada uno de nosotros, queridos amigos, se nos concede alcanzar este grado de amor, pero sólo recurriendo al indispensable apoyo de la Gracia divina. Sólo la ayuda del Señor nos permite huir de la resignación frente a la enormidad de la tarea a llevar a cabo y nos infunde el valor de realizar lo que humanamente es impensable. El contacto con el Señor en la oración nos mantiene en la humildad, recordándonos que somos "siervos inútiles" (cfr. Lc 17,10). Sobre todo, la Eucaristía es la gran escuela del amor. Cuando se participa en forma regular y con devoción en la Santa Misa, cuando se transcurren en compañía de Jesús eucarístico prolongadas pausas de adoración, es más fácil comprender la anchura, la longitud, la altura y la profundidad de su amor que excede a todo conocimiento (cfr. Ef 3,17-18). Compartiendo el Pan eucarístico con los hermanos de la comunidad eclesial se es impulsado a traducir "con prontitud", como lo hizo la Virgen con Isabel, el amor de Cristo en generoso servicio a los hermanos.
Hacia el encuentro de Sydney
Iluminante es al respecto la exhortación del apóstol Juan: "Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad" (1Jn 3,18-19). Queridos jóvenes, es con este espíritu que os invito a vivir la próxima Jornada Mundial de la Juventud junto con vuestros Obispos en vuestras respectivas Diócesis. Ésta representará una etapa importante hacia el encuentro de Sydney, cuyo tema será: "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos"(Hch 1,8). María, Madre de Cristo y de la Iglesia, os ayude a hacer resonar en todas partes el grito que ha cambiado el mundo: "¡Dios es amor!". Os acompaño con la oración y de corazón os bendigo.
Vaticano, 27 de enero de 2007
BENEDICTUS PP. XVI
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